Todo de mí.

Si tú eres tú y yo soy yo; los dos somos nosotros.

Yo por tu amor, tú por mi dolor.

Y ahora que la distancia nos separa,

hay mucho amor y kilómetros de dolor.

En el teléfono espero tu llamada, desesperada.

Llega la noche y no escucho nada.

Mis lágrimas se derraman, me dirijo a la cama.

Las noches se alargan sin tus palabras.

Yo de ti ya no sé nada.

TENGO UNA GUERRA EN MI MEMORIA.

Perdida voy perdiendo mi ilusión y mi contento.

Jamás me vi tan abatida ante semejante despedida.

Por pocos días tendré presente en mi vida la alegría.

Espero, con la vaga esperanza del que nada espera.

Quisiera yo saber esas preocupaciones que te tienen en vela.

Supe siempre que no estaba entre ellas, ya no me molesta.

No logro poner precio a tu apatía, desproporcionada medida.

En mi recuerdo no hallo historias de semejante revuelo.

Ya el término se apropia en última instancia de tu gloria.

Sin batalla no hay victoria.

TENGO UNA GUERRA EN MI MEMORIA.

 

 

 

 

 

DAÑOS

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Si me lleva esta locura,

prefiero no saber si tiene cura.

Ni quiero que sepa mi subconsciente

que soy consciente de mi tortura.

Mis años son los daños,

que permanecen en el recuerdo,

aunque se olvidan con el tiempo.

Las heridas más profundas que dejaste,

tardan en sanarse más de lo que tardé en olvidarte.

Ya no quiero ser tu amante,

ahora aspiro a ser ignorante.

DESTINO

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Con tinta escribo en este papel,

donde dejo atrás mi timidez.

Prometo un viaje por el universo

con un único beso,

que daré segura,

sin ataduras.

Confío en el trayecto a tu lado,

tan correcto como mi pasado.

Jamás dije un te quiero inoportuno,

ninguno del que me arrepienta.

Si te conocí, quizá fue por el destino.

Pues no hay nada que me ronde más el pensamiento ni duda peor planteada,

que a estas horas me tenga desvelada.

La existencia del destino,

de mi propio camino.

AMARGA DESPEDIDA

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Vestido de julios va el verano, relucientes como anillos en tus manos.

Con papel callo mis días grises de este julio invernal, tan personal como original.

Siempre fui partidaria de los besos a escondidas, pero ahora no dejo de tomar medidas para sustituirlos por sonrisas.

El reflejo de tu cara en la pantalla, deja más lágrimas en mi cama que aquel día en tu casa.

Y la verdad es que no hubo cena más amarga, en la que una despedida pedí por postre, que me dejó abatida toda la noche.

El camino hacia mi casa se hacía distinto. Sentía que el viento iba en mi contra, cuando días atrás solo pensaba el último beso y ni siquiera notaba el molesto viento.

En busca de rincones escondidos iba, pensando en los motivos causantes de aquel desastre.

El llanto impedía el lamento, mi pensamiento jugaba con su arrepentimiento.

Todas las cartas guardadas, habían perdido valor con tan solo una palabra.

Aquel contraste con la realidad me dejó sin vida por varias horas.

Tumbada en una cama, veía pasar batas blancas de medida standard, un olor que no me parecía familiar. Los cortes en mi muñeca me unían mediante cables a una máquina situada a mi derecha.

Aquello era inimaginable, enganchada a la bebida, la causante de todas mis heridas.

De mal gusto me parecian las autolesiones vistas desde otra perspectiva. Porque al fin y al cabo, el ser humano es así de simple, todo nos parece normal hasta que el drama arriva al terreno personal.

ME VUELVO A LEVANTAR

Sentada aquí esperando tu llegada, tal vez un poco desilusionada.

Tus palabras manipuladas nada tenían que ver con todas tus historias imaginadas.

Tan solo pido mi amor, que te lo dejé prestado y por tuyo ya has tomado.

Silencio guardo con mi poesía, que rompí cuando no debía.

Mis besos no los merecías cuando yo sabía que tu boca tocaba todas menos la mía.

Sonrisas al alma que tomaba con calma, hasta que aquella noche tumbada en mi cama se encendió mi llama, que más se animaba si con ron la ahogaba.

A pecho cerrado me olvido de los besos que me has dado y aún más me arrepiento de los que no diste, pues sin duda los hubiese rechazado.

Perdón por olvidar tan rápido, pero son muchos años viviendo distintas historias que vienen a ser la misma.

Os escribe una titulada en el desamor que detenidamente está estudiando los “te quiero” que por ahí le van regalando.

Caí 1000 veces y me levanté 1000 y una