El invierno del verano.

Algunos veranos se llenan de inviernos, la Luna sale de día y las flores se marchitan. A veces ni amanece, la Luna desaparece y la oscuridad penetra por tu ventana, aun teniéndola cerrada. Tu inseguridad ya me desprecia, ni de lejos quisiera dos estaciones en mezcla, pues me confunde el calendario y me deprime a ratos. Las paredes escuchan los llantos, que a las tantas se apoderan de la casa. Parece que se aleja la felicidad de aquellos años. Ha tomado impulso la nostalgia de antaño, se lleva mi pulso y con él mi discurso.

Y aún quedan resquicios de aquellos vicios del verano, ya ni pensarlo quiero, pues a mis años me he dado cuenta de que todo ha cambiado.

Mil fenómenos naturales te desbordan y a tu familia tiras por la borda, sin ser tú consciente, te traiciona el subconsciente. Ya no se dice nada decente, me pregunta por ti la gente, no sé qué decir. Crees en los extraterrestres antes que en la muerte. De la realidad me alejo por el camino contrario, empiezo a contar los días para el fin del verano. Mi odio hacia ti se apodera de mí y yo, no puedo contrarialo.